Hace
días que ando como perdido, no solo de la escritura sino de la vida en general
pero supongo que son cosas normales de esta edad. Igual en estos días mi cabeza
no paró de pensar boludeces, como siempre.
Sigo
con licencia médica desde mi operación de columna por algunas complicaciones
que según el doc. son normales (pero entre nos, ni él se lo cree). O sea que
sigo teniendo mucho tiempo libre ya que no puedo hacer abandono de mi domicilio
y me estoy volviendo loco mirando las paredes y techos de mi departamento, se sorprenderían
del grado de detalle con que los conozco ya. Pero
con esto de la complicación que sin entrar en detalles asquerosos por más que
los amo solo voy a decir que la herida de mi espalda se hinchó y explotó la
semana pasada. Me pegué el susto de mi vida y algo que todos conocemos se
apoderó de mí: EL MIEDO. Y desde entonces y por conversaciones sobre la vida
con algunos amigos me di cuenta de que los miedos cambian con los años.
Cuando
era pequeño amaba las películas de terror (y las amo hoy también) pero después de
verlas les rogaba a mis padres que me dejaran dormir con ellos. Así fue que me
volví fan de Freddy, Chucky, Jason, muertos vivientes y hechos paranormales.
Tan fan soy que con 30 años hace unos días hice una maratón de películas de
Chucky, el muñeco diabólico. En serio, todas: Chucky, Chucky 2, Chucky 3, La
novia de Chucky, El hijo de Chucky, La maldición de Chucky y Chucky 7. Me di
cuenta de que él ya no me da miedo, me da risa, conozco los diálogos, los
errores en algunas escenas, ¡soy un puto experto en Chucky!
Pero
esto no es un texto tan tonto y banal, lo prometo. Conversando sobre mi miedo a
quedar paralitico por alguna complicación, me di cuenta de la variedad de
miedos que entran a esta edad pero hay dos en los que quiero centrarme: miedo a
quedarse solo (soltero) y miedo a morir (en mi caso sería más a morir solo de
soledad y mal vestido como ya se los dije).
Personalmente
no entiendo el miedo a morir, es algo inevitable y que va a ocurrir más acá o más
allá. Hacia allá vamos todos, a morir. Pero en una amiga particularmente llega
al punto de que no puede hablar mucho del tema porque le viene una especie de
ataque de pánico con ganas de llorar porque no quiere morir. Para complicarse
un poco más está pensando en tener alguna religión de cabecera como para creer
en algo superior que la haga sentir menos temerosa frente al tema. Ya intenté
explicarle que uno no puede ir a recorrer todas las iglesias como en una
especie de casting espiritual a ver cuál le acomoda más. Tampoco entiendo la
forma en que eso se puede hacer porque para empezar no creo en las religiones
pero supongo que podría ayudarla a confeccionar una especie de formulario para
que vaya llenando a medida que recorra iglesias católicas, sinagogas, templos
budistas, umbandistas, evangélicos, etc. Debería tener preguntas básicas como: ¿Cómo
piensan protegerme de la muerte? ¿Qué opina sobre la vida eterna? ¿Es bueno el
servicio de buses en la zona? ¿Tema diezmo, es obligatorio? ¿Violan muchos
niños? ¿Qué opinan de los homosexuales? (porque obvio que en algún momento me
va a pedir que la acompañe y tenemos que estar al tanto).
Si
bien soy la clase de persona que prueba todo en la vida, tengo mis límites y la
religión es uno de ellos. Jamás de los jamases podría pertenecer a la secta católica,
llevo años discutiendo con los fans de dios y no hay nada peor que el fanatismo
religioso, lo considero incluso peor que el político o futbolero.
Me
pone de pésimo humor que alguien me diga que no soy un buen ser humano y que
voy a arder en los mármoles del infierno por el simple hecho de que me gustan
personas de mí mismo sexo. Y lo peor de todo es que para todo tienen
fundamentos: bíblicos. Insulta a sus madres pero no te metas con las sagradas
escrituras que al parecer tienen la respuesta a todo y cuando uno se instruye,
las lee buscando falacias con las cuales hacer el intercambio de opiniones más
entretenido con un poco de sarcasmo, te dicen que no van a discutir con un
sodomita adorador de satán y a mí nadie me deja con la palabra en la boca o en
el teclado así que sigo.
Es
muy loco que me digan que no soy normal basándose en un libro en el que una
serpiente habla, una mujer queda embarazada de una paloma poseída por el espíritu
santo, el Jesús convierte agua en vino, camina sobre el agua, muere y resucita…
todo muy normal obvio. Esto sin mencionar que cuando empezás a decirles cosas
que también dice la biblia que no deben hacerse y de seguro todos las hacen se
ofenden, como tener tatuajes, usar poliéster o mezcla de tejidos, el coitus
interruptus, vestir con oro (el vaticano nunca llegó a Deuteronomio o Timoteo),
comer mariscos (niños si, camarones no) y como esas otro montón de cosas
graciosas, sin pasar por alto dos historias de amor gay que también están ahí.
No
quiero desviarme del tema con mi fanatismo anti-religioso. Así que resumamos
que el miedo a la muerte no puede darte miedo, a lo sumo incertidumbre por no
saber cuando será. Puede ser ahora, o ahora, o tal vez ahora, o ya mismo, o en
30 años, da igual así que relajen el ano y disfruten la vida en vez de
preocuparse por cuanto va a durar.
El
miedo a quedarse solo y por solo me refiero a la gente que le teme a la soledad
de amor, a llegar a la vejez sin su alma gemela, sin su media naranja, a no
tener un viejo/vieja a su lado creo que es un poco más peligroso. Ese
temor puede llevarnos a conformarnos con el primero que nos diga que quiere
pasar el resto de su vida con nosotros y creo firmemente que muchas veces eso
más que miedo a estar solos es miedo a conocernos a nosotros mismos, a pasar
tiempo con uno mismo, no sabemos lo que podemos llegar a encontrar en medio de
un viaje a nuestro interior. Y
es que es tan triste ver como hay gente que se queda para siempre estancado en
una relación que no va a ningún lado porque prefieren eso a estar solos. ¿Va a
llegar una edad en que vamos a decir: “no importa con quien pero no quiero
estar solo”? Le rogaré al dios en que no creo para que eso no me ocurra.
Ese
no es uno de mis miedos, ya que la soledad no es algo que me agobie, disfruto muchísimo
de mi compañía (obvio, ¡soy genial!) y sé por sobre todas las cosas que mis
amigos y mi familia van a estar ahí para darme los remedios, alcanzarme la
chata o cambiarme los pañales como yo voy a estar para ellos hasta que ya no
los reconozca al menos.
De
verdad, sea cual sea el miedo que te invada de vez en cuando o esos
pensamientos que te hacen maquinar antes de dormir como mirar el lado vacío de
tu cama, pensar que alguien podría estar ahí, que alguien estuvo ahí o si
alguien estará ahí, cuando te da pereza cocinar para vos solo, cuando miras una
peli y no tenés con quien comentarla… da vuelta la situación y mira el lado
positivo: la cama entera para vos, más comida para vos y la tranquilidad de
disfrutar concentrado una peli.
No
podemos saber si va a llegar la relación que estas esperando y si llega no
podemos saber cuánto va a durar y si termina no sabemos si va a llegar otra.
Por eso hay una relación que no debemos descuidar y es la relación con la
persona que nos va a acompañar siempre, aunque a veces nos caiga pésimo, nos
odiemos y después nos amiguemos… Esa relación que no precisa un “hasta que la
muerte los separe” es la relación que tenemos con nosotros mismos, esa es la
persona en la que tenemos que enfocarnos, conocer cada día más a fondo y
disfrutar cada segundo que tengamos a solas.
Recuerden
que “antigüedad configura el grado” así que la relación contigo mismo siempre va
a ser la relación más duradera que hayas tenido. Disfruta de un buen café
contigo. Como decía en el pronaos del templo de Apolo en Delfos: NOSCE TE IPSUM
(conócete a ti mismo).

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